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El verano de los Golden State Warriors ha dejado más dudas que certezas. Después de una temporada en la que el equipo ni siquiera disputó los playoffs, se esperaba una reacción contundente durante el mercado. Sin embargo, la plantilla apenas ha cambiado y tampoco ha llegado esa estrella capaz de devolver al equipo de Stephen Curry a la primera línea de la NBA.

La sensación es que los Warriors han perdido una oportunidad para renovar su proyecto. No hay una gran incorporación que cambie el escenario, tampoco un núcleo de jóvenes capaz de aportar piernas y energía ni demasiados jugadores de rol que permitan pensar en un salto de calidad.

Y, mientras tanto, Curry sigue siendo el gran salvavidas.

Curry ya no puede hacerlo todo

El problema para Golden State es que Stephen Curry ya no está para sostener al equipo durante casi 40 minutos cada noche. La temporada pasada volvió a demostrar que sigue siendo diferencial, pero también dejó claro que los años pasan incluso para uno de los mejores jugadores de la historia.

La dependencia de Curry continúa siendo enorme y el equipo no parece haber encontrado suficientes soluciones para reducirla.

A su alrededor tampoco todo invita al optimismo. Draymond Green viene de una temporada en la que, por segunda vez en toda su carrera, los números defensivos del equipo empeoraron cuando estuvo sobre la pista. Una señal preocupante para un jugador que durante años ha sido uno de los pilares del proyecto.

También Steve Kerr transmitió durante buena parte del tramo final de la temporada una sensación de desgaste y resignación que no parece haberse disipado durante el verano.

El fracaso del mercado

Uno de los grandes objetivos de los Warriors era encontrar una pieza capaz de cambiar el rumbo de la plantilla. Incluso se especuló con la posibilidad de incorporar a LeBron James, pero ese acercamiento no terminó materializándose.

La realidad es que Golden State no ha conseguido atraer a esa segunda estrella que permita construir un equipo verdaderamente competitivo alrededor de Curry.

El resultado es una plantilla que vuelve a generar dudas y que, sobre el papel, no parece mucho más preparada que la que terminó quedándose fuera de los playoffs.

La responsabilidad recae ahora especialmente sobre Mike Dunleavy, responsable de las decisiones deportivas. El margen para equivocarse empieza a ser cada vez menor en una franquicia que durante años estuvo acostumbrada a luchar por todo.

Joe Lacob y el riesgo de la intrascendencia

También habrá que mirar hacia Joe Lacob. El propietario de los Warriors ha demostrado en el pasado que está dispuesto a gastar y tomar decisiones agresivas cuando considera que el equipo puede competir por el título.

Pero ahora se enfrenta a un escenario diferente.

El problema no es únicamente el dinero. Los Warriors pueden gastar, pero no todo se puede comprar en el mercado. Encontrar una estrella disponible, convencerla para que llegue y conseguir que encaje alrededor de Curry es otra historia.

Y ahí aparece la gran incógnita del proyecto.

137 millones y una decisión inevitable

Los Warriors tienen que plantearse qué hacer con el futuro de Curry y con los 137 millones de dólares que representa su contrato para las próximas temporadas.

La cuestión no es si Curry sigue siendo capaz de marcar diferencias. Lo ha demostrado sobradamente. La pregunta es si Golden State todavía tiene un proyecto capaz de aprovechar sus últimos años al máximo nivel.

Porque Curry no es eterno.

Durante más de una década, el jugador ha sido el gran pilar sobre el que se ha construido el imperio de los Warriors. Ha cambiado la historia de la franquicia, ha conquistado títulos y ha convertido a Golden State en una de las grandes dinastías de la NBA.

Pero ningún jugador puede sostener un proyecto para siempre.

Los Warriors necesitan reaccionar

El verano no ha aportado la energía que muchos esperaban y el equipo afronta la nueva temporada con demasiadas incógnitas.

La presión estará sobre Dunleavy, Kerr y Lacob, pero también sobre una plantilla que debe demostrar que todavía puede competir al máximo nivel.

Porque mientras Curry siga vistiendo de azul y oro, los Warriors tendrán una oportunidad.

La cuestión es cuánto tiempo queda para aprovecharla.

Y esa puede ser la verdadera pregunta de 137 millones de dólares.